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Estudios bíblicos
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Sábado, 27 de Junio de 2009 23:34 |
“Por este niño oraba, y Jehová me dio lo que le pedí.”1 Samuel 1:27
Se necesitan madres que sepan doblar sus rodillas. Tal parece que estas palabras, un tanto prosaicas, proceden de una agencia de empleos. Pero no es así. Las mismas están cargadas de una profunda espiritualidad. Aún más, de un gran fondo poético. Grace W. Watkins, lo expresa muy bellamente al decirnos en uno de sus poemas:
Cuando las madres oran / parece que mil luces se incendiaran /
do sólo oscuridad hubiera, / y que del corazón en lo secreto /
un canto se escuchara dulce y tierno, / cuando las madres oran.
Una densa oscuridad amenaza envolver a nuestros hijos. Un peligro inminente los asedia por doquier. Cuanta la mitología griega que cuando Proserpina fue lanzada por Plutón a los infiernos, arrancó un grito tan lastimero que fue escuchado por toda la tierra. Hécate, la diosa de la oscuridad y Helios, el dios del sol, se llenaron de espanto. Las madres de toda la tierra también lo escucharon y creyendo que sus hijos estaban amenazados de un gran peligro salieron apresuradas en busca de ellos para protegerlos. Usted, madre que lee estas líneas, ¿está consciente de que su hijo corre peligro una vez que abandona el hogar? Las malas compañías, las drogas estupefacientes, las incitaciones al vicio y a la maldad. A todos estos males se expone su hijo una vez que traspone las puertas de su hogar. Usted no puede mantenerlo encerrado en el recinto hogareño. Pero usted puede orar por él y le estamos pidiendo que lo haga. De las muchas cosas buenas que una madre puede hacer por un hijo, ésta es la mejor. Dios siempre responde a la oración de una madre.
―Miguel Limardo―
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