| ¿Cómo tener una familia de éxito? |
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| Escrito por Pastor Gilberto Gutierrez |
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Deuteronomio 6:4-9, Josué 24:15, Marcos 5:40-43, Esther 2:7-10, Provérbios 1:8-9, Lucas 15:20-24, Eclesiastes 4:9-12.
La unión de jóvenes de la iglesia donde me convertí, por allá por 1977, tenían la costumbre de llevar serenata a las mamás en la madrugada del 10 de mayo. Antes de llegar a la casa donde yo vivía con mis padres, fuimos a otras casas y hubo algo que me complicó la vida; como eran muchas mamás y muchas casas, se había acordado cantar sólo dos canciones, una de ellas estaba en nuestro himnario y se llamaba “Hogar de mis recuerdos”. El problema era que, sencillamente yo no estaba de acuerdo con lo que decía la letra, ¿la recuerdan? “Hogar de mis recuerdos, a ti volver anhelo, no hay sitio bajo el cielo, más dulce que mi hogar”. Eso sencillamente estaba muy lejos de ser el deseo de un adolescente de 17 años que estaba harto de vivir en un hogar como aquel. Mis padres no eran cristianos, no eran gente mala, pero no conocían el amor de Dios, así que, mi hogar no era necesariamente un lugar al que yo deseara regresar, de hecho, hacía todo lo posible por regresar lo más tarde que se pudiera. Así que, ante la sorpresa de todos, preferí decirles a mis nuevos hermanos en la fe que frente a la ventana de la recámara de mi madre sólo cantaran una canción. Cuando me encargaron escribir para este libro y me dieron el tema: Como tener una familia de éxito, primero me sentí alagado, después tremendamente preocupado, porque aunque Dios ha bendecido a nuestra familia, y nos ha dado dos hijos exitosos:
Al reflexionar sobre como ha sucedido este milagro o mejor dicho, estos milagros, tengo que reconocer que mi esposa y yo no hemos hecho nada. Todo ha sido por la gracia de Dios. El mérito no es, en ninguna manera nuestro, Dios lo ha hecho todo. Si algo hemos hecho bien, lo digo sin falsas modestias, lo hicimos como el burro que tocó la flauta. Así que, escribir sobre el tema que me encargaron, fue todo un desafío. Por tal motivo, comparto con ustedes, lo que la experiencia personal, y la consejería de familias en más de 30 años de ministerio nos han enseñado. Se trata de principios bíblicos que vale la pena saber, vivir y enseñar. HAZ DE TU FAMILIA LA PRIMERA Y MÁS IMPORTANTE ESCUELA4“Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. 5 Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. 6 Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; 7 y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. 8 Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; 9 y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas.” Deuteronomio 6:4-9. La familia es la encargada de transferir a la nueva generación el ADN correspondiente, para perpetuar un estilo de vida. Son los padres los encargados de transmitir a su descendencia las creencias, los valores y los principios de conducta que ellos mismos sostienen y profesan. No es la Iglesia la primera responsable (aunque es responsable por supuesto), sino la familia, la llamada por Dios primeramente para esta tarea. Que nuestros hijos crezcan y sean fieles, no depende tanto de sus maestros como de los que vivimos con ellos. Algunas familias han abandonado esta vocación, y a esto se debe el deterioro tan severo de la sociedad. Regularmente hablamos de “la escuela de la vida”, y nos referimos con ello a lo que aprendemos en la calle, en los problemas, en los antros, bares o en la cárcel, cuando la escuela de la vida debería ser algo que se experimenta en el hogar. El texto que leímos al principio es la base de la cultura hebrea. Se trata del “escucha” judío. Comienza diciendo: oye Israel…y se trata de un desafío a pasar la estafeta de la vida de una generación a otra, es algo así como reproducirse, como dar a luz nuevos seres con las características de nuestra especie. Tengo dos hijos y los dos se me parecen, pero el menor, algunos dicen que es mi “clon”, la verdad es que no hay nada que decir, pues es mi hijo, lleva mi sangre, le he heredado mis características genéticas, pobre cuate, ¿no? Con ayuda de mi esposa nos hemos reproducido y ha surgido alguien con características muy similares a las nuestras. Esto es exactamente lo que pasa o debe pasar en el sentido espiritual en la familia.Ahora bien, he dicho que los padres somos los responsables de esto, sin embargo, a la luz de la Biblia, debemos reconocer que la responsabilidad primara es del padre, el varón de la casa. Es una costumbre en nuestra cultura, que la mamá se ocupe de la enseñanza de los hijos. El padre está fuera de casa y regresa muy cansado como para ocuparse de los hijos, la mamá es la que se ocupa de ver que vayan a la escuela, de cerciorarse de que hagan la tarea y de consolarlos en sus luchas. ¡Qué terrible omisión! Para no olvidar esta enseñanza, apuntemos el siguiente principio: El Principio del Profesorado: La Biblia dice: “Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, Y no desprecies la dirección de tu madre; Si ¡Reproduzcamos la vida cristiana en nuestros hijos!” Proverbios 1:8. Padre y madre participan, pero el papel del varón es fundamental. La instrucción de tu padre, es como el poder legislativo de la familia. HAZ DE TU FAMILIA EL TEMPLO MÁS CERCANO“Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová.” Josué 24:15. Los miembros de una familia aprenden a gozar de la celebración cristiana, en tanto que ésta comience en la casa y se reproduzca en la casa, después de expresarse en el templo de la iglesia. Existen jovencitos, niños y muchachos con una especie de rechazo contra todo lo que tiene que ver con fe y religión, incluso contra los líderes religiosos. Se les dificulta obedecer o aprender. La razón es muy sencilla, en su hogar, el templo más cercano, se les ha enseñado o inyectado este rechazo, por medio de comentarios y actitudes. Algunos papás le dicen al pastor: ― ayúdeme, mi hijo ya no quiere venir a la iglesia ―, y dan ganas de responderles: ― ayúdeme usted, aquí le predicamos, le enseñamos, tratamos de caerle bien, pero es muy difícil competir contra su amargura, y contra sus comentarios respecto a lo que pasa en la iglesia ―, ¿me explico? Una cosa es cierta: cuando los adolescentes que vinieron a la Iglesia de niños, dejan de creer y frecuentar la comunidad de fe, no podemos culpar a la Iglesia, tenemos que remitirnos a la familia si deseamos buscar responsables. Los niños, adolescentes y jóvenes conocen a Dios en la proporción en la que se vive en casa. Ejemplo: un pequeño escucha en la iglesia infantil que Dios es poderoso y que debemos confiar en Él; sin embargo, esta verdad no es significativa en su vida, hasta que ve a sus papás orando en medio de cualquier necesidad, y dando gracias por un milagro de sanidad o de solución de cualquier otro problema. Aprende a confiar en Dios, por la confianza que tienen en Dios aquellos en los que Él confía.¿Conoce el viejo y espantoso dicho: “hijo de pastor lo peor”? Algunos consideran típico, que los hijos de un pastor no sean buenos cristianos y eso resulta en una tragedia. Podemos culpar a la iglesia que presiona a los hijos de un pastor, podemos culpar al excesivo trabajo del Siervo de Dios, podemos culpar a los sufrimientos del ministerio que lesionan a la familia, pero no podemos, de ninguna manera, eximirnos de la real responsabilidad que tenemos los pastores en la experiencia de fe de nuestros hijos. Este es el desafío que Josué hace al pueblo. Se trata de un desafío a servir a Dios y no a ningún otro dios, idea, concepto, persuasión, filosofía, etc., y Josué se pone por delante cuando dice: “pero yo y mi casa serviremos a Jehová.” Es como si dijera: en cuanto de mi dependa, o, yo me encargo de que en mi familia todos creamos en el verdadero Dios. Para que lo recordemos, apuntemos el siguiente principio: El Principio del sacerdocio: Cada familia debe tener un sacerdote, un pastor. La Biblia dice que cada cristiano es un sacerdote (1 Pedro 2:9). Es decir, cada cristiano puede y debe ir a la presencia de Dios y establecer una relación con Él; sin embargo, de la misma manera que la iglesia tiene un pastor que dirige el rebaño, la familia necesita un director o pastor, alguien que lleve a esa familia a Dios y le conduzca por el buen camino. Job era el pastor y sacerdote de sus hijos (Job 1:5). Cuando ellos hacían fiesta, él sacrificaba y ofrecía holocaustos por ellos. Pero no sólo eso, sino que enviaba a alguien a sus hijos para que los santificara. Es decir, no se trataba de un asunto sólo de Job, sino de algo en lo que ellos también participaban por recomendación del padre. Él intercedía por ellos, pero seguramente, también ellos pedían perdón por lo malo que pudieran haber hecho. Los hijos que ven a un padre intercediendo por ellos, son motivados a hacerlo también.
Toda la familia necesita alguien así. El padre es quien debe ocupar este lugar. Vivamos el privilegio de evangelizar a nuestros hijos cuando son pequeños; experimentemos el honor de discipularlos cuando están creciendo; gocemos la bendición de ayudarles a resolver sus dudas; disfrutemos la maravilla de pastorearles a ellos y a nuestra esposa.
Cumple con su misión. Hagamos de nuestra familia un espacio donde los que la forman puedan conocer y acercarse a Dios.
HAS DE TU FAMILIA EL MEJOR HOSPITAL40 “Y se burlaban de él. Mas él, echando fuera a todos, tomó al padre y a la madre de la niña, y a los que estaban con él, y entró donde estaba la niña. 41 Y tomando la mano de la niña, le dijo: Talita cumi; que traducido es: Niña, a ti te digo, levántate. 42 Y luego la niña se levantó y andaba, pues tenía doce años. Y se espantaron grandemente. 43 Pero él les mandó mucho que nadie lo supiese, y dijo que se le diese de comer.” Marcos 5:40-43. Este fue un milagro en familia. El Señor no quería estar sólo cuando el poder de sanidad se manifestara, tampoco quería que aquella niña experimentara un trauma peor que la enfermedad, cuando al resucitar sólo pudiera ver a gente desconocida frente y junto a ella. Esto es igual el día de hoy en todas las familias. Dios no quiere bendecir, sanar y perfeccionar a los hijos sin utilizar a los padres, no quiere dar satisfacción a los padres sin las acciones de los hijos, y no quiere mostrar su amor a los esposos sin usar las manos, las palabras, y las actitudes de los esposos. Porque la familia fue creada por Él para ser un instrumento de su gracia. Así que, la familia es un hospital espiritual.Todos los seres humanos experimentamos cosas traumáticas que marcan nuestra vida, y forman nuestra personalidad. Simplemente al nacer el trauma es severo: nos sacan de un ambiente perfecto, el vientre de nuestra madre; la temperatura que deseamos, el alimento que necesitamos y el corazón de nuestra madre constituye la más maravillosa y la primera música que escuchamos. De pronto, nos enfrentan con una tremenda luz que nos encandila, nunca hemos usado los ojos aún y ahora una incómoda luz traspasa nuestros pequeños y delgados parpados, un hombre sudoroso que se cubre la cara, nos molesta con una aspiradora, nos hace llorar, nos separa de nuestra madre con unas tijeras, para llevarnos a las manos de una desconocida, ¡cómo no quedar traumados con tremenda experiencia! ¿No creen? La cosa no termina ahí, esto fue a penas el principio, siendo niños nos enamoramos de nuestras maestras sin que nos puedan corresponder. En la escuela se burlan de nuestros nombres, apellidos, orejas, dientes prominentes, de nuestras piernas flacas, de nuestro sobrepeso o de nuestros huesos, ¡cuánta crueldad puede haber en la niñez! y ni hablar de la adolescencia y la juventud, donde los sinsabores se multiplican por todas partes, tanto que, cuando no los hay, los inventamos, todo esto junto con las alegrías que también experimentamos, constituyen el “caldo de cultivo” que va formando nuestra personalidad. De adultos enfrentamos obligaciones que nos hacen sentir esclavos, sufrimos a compañeros de trabajo que se convierten en enemigos, padecemos a jefes odiosos, subordinados latosos y una y mil luchas, algunas de las cuales no ganamos. Así que, en ocasiones, cuando regresamos de la calle a la casa, llegamos como soldados vietnamitas después de una explosión. Pero al encontrarnos con una familia y el amor que ahí se manifiesta, la compasión que ahí se nos da, puede sanar nuestras heridas. Si no es así, deberíamos hacer que así sea, porque: Dios creó a la familia aún antes que a la Iglesia y el estado, y la creó como un instrumento de formación y sanación para los que forman parte de ella. El matrimonio debe sanarnos, no enfermarnos. Algo está mal cuando la cosa no es así, y debemos reconocerlo, enfrentarlo, buscar ayuda y resolverlo. En la historia original del Hombre Lobo, hay una escena que, más allá de la fantasía, vale la pena entenderla. El joven aquel ve la luna que comienza a subir y le dice: -vete, aléjate de mí o te haré daño-. Se lo dice porque sabe lo que le pasa cuando hay luna llena, y, como la ama, no quiere agredirla. Ella, que también lo ama a él, le dice: -¿Por qué habrías de hacerme daño, si me amas? Yo también te amo-. Lo abraza y lo besa, y mientras discuten cuanto se aman el uno al otro, la luna llena ya está en la bóveda de la noche y al supuesto Hombre Lobo no le ha pasado nada. El problema es que llega la chusma con sus antorchas y sus balas de plata y esas cosas y el enamorado tiene que huir dejando a su novia llorando al separarse de ella, y al no recibir su amor y sus caricias se convierte en lobo. La enseñanza es muy buena y verdadera: el amor sana. Podemos decir que el amor puede aplacar a la fiera que tenemos dentro. Y esta es la clase de terapia que hace de la familia el mejor hospital. Sin embargo, hay que decirlo una vez más; todos los miembros de la familia participan en hacer del hogar un hospital, pero aquel a quien primero que a nadie más, Dios reclamará si no es así es al varón de la casa. Somos los esposos, los encargados de darle a nuestra familia el perfil que Dios quiere. Por eso, para que no se nos olvide, apuntemos el siguiente principio: El Principio del médico: De acuerdo con la Biblia, una de las tareas del cristiano es sanar al mundo donde vivimos. Dios nos ha llamado a realizar una tarea de sanidad. Leamos: “Y los envió a predicar el reino de Dios, y a sanar a los enfermos.” Lucas 9:2. Como podríamos cumplir con nuestra tarea en la calle, sin realizarla primero en casa. ¡Varones! Somos los médicos de nuestra familia y los encargados de hacer de ella un hospital espiritual.
HAGAMOS DE NUESTRA FAMILIA EL ÚNICO SALÓN DE BELLEZA COMPLETO7“Y había criado a Hadasa, es decir, Ester, hija de su tío, porque era huérfana; y la joven era de hermosa figura y de buen parecer. Cuando su padre y su madre murieron, Mardoqueo la adoptó como hija suya. 8 Sucedió, pues, que cuando se divulgó el mandamiento y decreto del rey, y habían reunido a muchas doncellas en Susa residencia real, a cargo de Hegai, Ester también fue llevada a la casa del rey, al cuidado de Hegai guarda de las mujeres. 9 Y la doncella agradó a sus ojos, y halló gracia delante de él, por lo que hizo darle prontamente atavíos y alimentos, y le dio también siete doncellas especiales de la casa del rey; y la llevó con sus doncellas a lo mejor de la casa de las mujeres. 10 Ester no declaró cuál era su pueblo ni su parentela, porque Mardoqueo le había mandado que no lo declarase.” Esther 2:7-10. 8“Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, Y no desprecies la dirección de tu madre; 9 Porque adorno de gracia serán a tu cabeza, Y collares a tu cuello.” Proverbios 1:8-9. La belleza, está muy claro, es relativa. Sin embargo, no podemos negar que hay gente atractiva o bella, y gente que no lo es. ¿De qué depende?, ¿de la forma de la nariz?, ¿del color de los ojos?, ¿de la estatura?, etc. Definitivamente no. En la época de Ester, se vestían con ropas muy holgadas, de seguro en aquel primer concurso de belleza de la historia no hubo desfile en traje de baño, las mujeres se cubrían el rostro, y por si fuera poco, el encargado de calificar a las mujeres, era un eunuco, es decir, era un hombre que desde su niñez había sido castrado, así que, no se había desarrollado en él, la atracción por el sexo opuesto, sin embargo, la Biblia dice que Ester le pareció una joven muy bella. Esto nos hace pensar que la belleza de Ester, no tenía que ver con su exterior, tanto, como con su interior. La belleza es algo que está dentro de las personas y esta belleza se consigue en el ambiente familiar. Los padres podemos hacer de nuestros hijos e hijas, personas hermosas. El esposo puede hacer de su esposa, una mujer bella y la esposa puede hacer de su esposo, un hombre guapo. La vida cristiana embellece la vida de cualquiera y la familia es el instrumento. Cuando un hombre se queja de su esposa o de sus hijos, en realidad se está quejando de sí mismo. ¿Cuándo fue la última vez que pasaste un buen tiempo alabando a tu esposa y haciéndola sentir la mujer más bella del mundo?, ¿le dices a tu hija o tus hijas lo bella o bellas que son? Como en los casos anteriores hemos dicho, esta responsabilidad cae directamente sobre el varón. La esposa y los hijos son responsables, pero no tanto como aquel a quien la Biblia llama “cabeza del hogar” Para que no se nos olvide, apuntemos este principio: Principio del espejo: los seres humanos tenemos la costumbre de definirnos a nosotros mismos a la luz de lo que nos dicen las relaciones que sostenemos. Todos estamos en el centro de una serie de espejos que nos reflejan nuestra identidad. No todas las personas que nos rodean ejercen la misma influencia. Sin duda que los padres, los hijos, los abuelos y los hermanos nos influyen poderosamente para establecer nuestra identidad, pero nadie tanto como la esposa o el esposo. Así que, cada uno de nosotros nos definimos a nosotros mismos a la luz de lo que nos refleja el espejo del esposo, la esposa, los padres, los hijos, etc., esto hace que la siguientes preguntas sea tan importantes: ¿Qué ve mi esposa cuando se mira a través de mis ojos?, ¿qué ven mis hijos de si mismos cuando se miran en el espejo que les represento yo? Si queremos esposa e hijos bellos, debemos procurar que se vean así cuando se miran en nosotros. Hagamos de nuestra familia un instrumento para embellecer la vida.
HAGAMOS DE LA FAMILIA EL MEJOR CENTRO DE READAPTACIÓN SOCIAL20“Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. 21 Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. 22 Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. 23 Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; 24 porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse.” Lucas 15:20-24. Dice un dicho: árbol que nace torcido, jamás su rama endereza. Deberíamos cambiar este dicho y decir mejor: “árbol que nace torcido, sólo Cristo lo endereza.” Porque es verdad. Ninguna persona es un caso cerrado para Dios. Mientras alguien pueda acudir a Dios en arrepentimiento, hay esperanza de transformación y de restauración. Todo ser humano tiene remedio si se pone en las manos de Dios. Pero la familia, el hogar, juega un papel muy importante en esta tarea divina. En la parábola de la cual hemos leído un breve trozo, vemos a un padre restaurando con amor a su hijo. Podemos decir que, ningún hijo puede encontrar el camino de regreso sin su familia. Esto es tan cierto que, cuando alguien se encuentra en alguna adicción y no tiene familia, debemos conseguirle o fabricarle una, o de otra manera no podremos ayudarlo realmente. Por eso los grupos de AA muchas veces son efectivos, porque se constituyen en una familia opcional para aquellos que han perdido la original. Por esa misma razón, muchos dejan la dependencia del alcohol o las drogas, pero se hacen dependientes de su grupo, porque se ha convertido en la familia que les hace falta. Una familia puede transformar la vida de un esposo, de una esposa, de un hijo, si le aplica la suficiente dosis de amor, de comprensión, de cariño, de aliento, de perdón. De esto no hay duda. Y todo esto sólo es posible, cuando Dios está presente. Hagamos de nuestra familia un refugio rehabilitador de vida. Sé de hermanos mayores que luchan por hacer de su familia una experiencia de transformación, sé de mamás que dan su vida por lograrlo, pero no hay duda, quien más responsable es y quien tiene más autoridad de parte de Dios para lograrlo es usted varón, jefe de familia, cabeza de su hogar. Para que no se nos olvide, apuntemos este principio:El Principio del amor: al más poderoso atributo de nuestro Dios es el amor. El problema para entenderlo es la contaminación del concepto. Algunos creen que el amor es una experiencia sexual, hablan de hacer el amor, cuando se refieren a la pasión, que tiene su lugar en el plan de Dios, pero no es amor. Otros lo confunden con sentimiento, emociones y le llaman amor a lo que realmente es cariño. El cariño, como la pasión, son reacciones de nuestra alma y nuestro cuerpo, respectivamente a los estímulos externos. Si alguien me trata bien, termino queriendo a esa persona. Pero el amor es mucho más que algo del cuerpo o del alma, el amor es un asunto del Espíritu.
El Espíritu es aquello que nos asemeja a Dios. En el Espíritu esta la conciencia, la razón y la voluntad. Por eso El Señor nunca nos dijo: “quiere a tus enemigos”. No podemos querer a quienes no queremos, es imposible, pero ¿podemos amarles? Por supuesto que sí, porque el amor es un acto voluntario. Para definirlo claramente, considerar lo siguiente:
EL HOGAR ES EL MÁS EFICAZ EJÉRCITO CONTRA EL ENEMIGO9“Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. 10 Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante.” Eclesiastés 4:9-10. Un hombre, sólo es un hombre, no más, dijo Alberto Cortés, cuando se hace acompañar de una mujer a la que ama y de la que es amado, se convierte en alguien capaz de enfrentar lo que sea. No conozco manos más débiles que las de la hermana Yanina (mi esposa). Personalmente me creo fuerte y hábil en las cuestiones físicas, pero en los momentos de tristeza y en las depresiones más profundas que he tenido en mi vida, han sido esas manos débiles las que me han transmitido un poder inexplicable para seguir y vencer en toda prueba. Los hijos necesitan este poder que les transmitimos sus padres, para lograr aquello que Dios ha dispuesto que logren. El texto que nos ocupa en este punto es generalmente usado para hablar de la pareja matrimonial, pero la verdad es que, no hay razón para circunscribirlo sólo a esa clase de pareja. Las relaciones humanas fortalecen, y las que se dan en la familia entre todos los miembros que la forman son las más efectivas para enriquecer nuestra vida. El amor de los padres ayuda a los hijos a defenderse de las tentaciones sexuales, la comprensión les ayuda a decir no a las ofertas de los vicios, y la fe les ayuda a vencer la desesperanza y el despropósito. Por eso, tenemos que decir: Hagamos de nuestra familia un ejército capaz de enfrentar cualquier enemigo. Sin embargo, todo ejército necesita de un general, capitán o por lo menos sargento, ¿no? ¿Quién podría ser el líder del ejército llamado familia? adivinaron, “El Varón de la casa”. Ciertamente Dios nos dirige como “Comandante supremo” pero tiene en la tierra a un líder humano que lo representa, y a menos que lo haya recogido a los cielos, este representante es el papá, el esposo, el hombre del hogar. Para que no se nos olvide, apuntemos este principio:El Principio de las manos levantadas: “Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec.” Éxodo 17:11. Lo que hace el líder de cualquier grupo, influye poderosamente en la vida de sus seguidores. El Varón, como líder de su casa, debe mantener sus manos levantadas para dar vigor y autoridad a su esposa y sus hijos para vencer en medio de toda lucha. Hagamos de nuestra familia un ejército invencible.
HAGAMOS DE LA FAMILIA LA ÚNICA CASA DE PLACER SANTIFICADA11“También si dos durmieren juntos, se calentarán mutuamente; mas ¿cómo se calentará uno solo? 12 Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón de tres dobleces no se rompe pronto.” Eclesiastés 4:11-12. Ahora, permítanme hablar con mucha claridad: satanizar el sexo es una inmoralidad. Dios nos creó tal como somos. Dios nos hizo seres con sexualidad, y ejercer la sexualidad de acuerdo a los planes de Dios es glorioso, edificante, satisfactorio, pleno y sobre todo, aunque algunos no lo crean, agrada y glorifica a Dios. Y es en el seno familiar donde el hombre y la mujer pueden encontrar la satisfacción plena a esta parte de sus vidas y sólo ahí, por cierto, donde se experimenta verdaderamente la plena satisfacción. Además, es ahí donde los hijos son enseñados sobre el tema y aprenden a tratarlo con respeto, de acuerdo al plan de Dios.Creo definitivamente que, en este tema debemos hacer algunos cambios serios en nuestra mente. Existen algunos mitos que me gustaría mencionar: El mito de la manzana. Muchos creen que el pecado de Adán y Eva fue tener relaciones sexuales ¡están equivocados! Dios les había dicho que llenaran la Tierra de hijos ¿Cómo lo iban a hacer, mirándose a los ojos?, ¿puede imaginar a Adán y Eva frente a frente mirándose fijamente y Eva le dice: -vamos Adán tú puedes? Seguramente que así no fue. El pecado de nuestros primeros padres fue creerse dueños de la decisión final respecto al bien y el mal, digamos que el pecado original es la tendencia humana a atribuirnos a nosotros la definición de lo que es bueno y lo que es malo. Cuando decimos: -yo creo en Dios a mi manera- ¡eso es el pecado original! Porque deberíamos creer a la manera de Dios, y no pretender ser dioses nosotros y tratar de establecer nuestro propio decálogo. Pero, de cualquier manera, el pecado original no tuvo nada que ver con sexo. El mito de la hoja de parra. Algunos enseñan que la sexualidad es mala siempre. De hecho, es probable que usted no se sienta tan cómodo leyendo este capítulo del libro, porque estamos hablando de sexualidad. Algunos incluso creen que los genitales son pecaminosos. De hecho, no siempre les podemos llamar por su nombre, ¿no es cierto? A la oreja le llamamos oreja, a la nariz, nariz, el dentista nos habla del segundo molar inferior, porque así se llama ese diente, pero a los genitales les llamamos “su parte”. Imagínese que el cardiólogo le dijera: pues necesito hacerle un estudio de “su parte” ¡¿qué?! Pero no es así, ¿verdad? El cardiólogo llama al corazón por su nombre, ¿por qué no llamamos a los genitales por su nombre?, porque en el fondo sentimos que esas son incluso palabras sucias y nos da pena. Pero sabe que: Dios nos hizo así, y fue Él, y nadie más, quien puso en nuestro cuerpo cada una de sus partes. Tal vez es tiempo de cambiar nuestros conceptos. El mito del vestido blanco. Muchas personas ven la sexualidad como un mal necesario. Algunos incluso dicen que el matrimonio es una especie de permiso para pecar. Sigue siendo malo, pero Dios no se enoja tanto si estamos casados. ¿Cómo se podría disfrutar de la sexualidad pensando así? Atendí a un par de muchachos. Ya no eran tan jóvenes. Hacía tres meses que se habían casado pero no habían tenido relaciones sexuales. En la luna de miel ella se había encerrado en el baño y no había podido salir porque tenía vergüenza y miedo. El novio vehemente le prometió que sabría esperar y se regresaron al otro día a su ciudad aún vírgenes. Se tomaban de la mano, se abrazaban, se besaban incluso, pero ella no podía estar a solas con él sin entrar en crisis otra vez. Mientras les atendía, descubrí una cosa. Ella había estado a punto de ser “monja”, había estudiado en una escuela religiosa, y había aprendido que se podía casar con Dios y que las cosas del cuerpo eran malas y perversas. Les explique la importancia de la sexualidad en el matrimonio y los propósitos de Dios para habernos hecho así. Les exhorté a quitar mitos de su cabeza, y a liberarse de ataduras. Debo haber tenido éxito, pues la última vez que les vi tenían tres hijos, y no creo que los hayan hecho mirándose a los ojos. El mito del velo blanco es tan real que en algunas religiones se exalta el celibato y no les permiten a sus líderes casarse. Ignoran lo que el apóstol Pablo dijo: “pero si no tienen don de continencia, cásense, pues mejor es casarse que estarse quemando.” 1ª Corintios 7:9. El mito del sordomudo. Algunos creen que no es bueno hablar de sexualidad. Yo personalmente creo que, callar respecto al tema, no hablarlo con sabiduría, y especialmente no abordarlo con los hijos es una inmoralidad. Está probado que muchos de los maniáticos sexuales fueron personas reprimidas que nunca fueron enseñadas sobre el tema con claridad y respeto. Un día fui a visitar a una familia muy humilde. Vivían en un sólo cuarto. Ahí estaba la cama matrimonial, el comedor, la cuna de la niña y los roperos. Afuera, solamente estaba el baño. Me invitaron a comer un rico menudo chihuahuense y mientras me servían, la niña me dijo: -pastor, voy a tener un hermanito-. Yo la felicité, mientras los papás se ponían colorados. Luego le dije: -y cómo sabes que vas a tener un hermanito-. Ante mi pregunta, los papás comenzaron a toser y procuraron cambiar de tema, pero la niña que estaba eufórica por la noticia, me dijo: -anoche lo estaban haciendo mis papás-. La hermana por poco y se desmaya en frente de la estufa y el hermano hizo como que iba al patio por alguna cosa. Creo que prefirió dejarle el problema a su mujer, “típico”, ¿no? Yo no dije nada más, aunque tenía una gran sonrisa dentro de mí. Cuando comenzamos a comer, había un silencio sepulcral sobre la mesa. Finalmente, el hermano se atrevió a hablar y dijo: -perdón pastor, mi niña es una imprudente, y yo…- como comenzó a trastabillar, yo decidí hacerle el momento menos difícil y les dije: -no me diga nada, sé lo que pudo haber pasado, y no tienen nada de qué avergonzarse-. Imaginar lo que debió suceder la noche del día anterior no era difícil. Esto fue lo que pasó: el hermano y su esposa se pusieron románticos y apasionados. La niña que dormía en una pequeña cama al lado de ellos, por alguna razón se despertó y comenzó a escuchar palabras poco comunes y ruidos desconocidos. Después de aguantar un rato la curiosidad, finalmente preguntó. -¿Papá, que estás haciéndole a mi mamá?-. El papá le respondió sin pensar mucho: -estamos haciendo a su hermanito, usted duérmase-. La niña que no había podido dormirse, finalmente encontró una razón para soñar, así que se tapó el rostro y se durmió mientras pensaba en la fabulosa idea de ser la hermana mayor. Supongo que los hermanos continuaron con su tarea hasta terminar. ¿Tiene esto algo de malo? En lo absoluto, y eso fue lo que traté de enseñar y explicar a los hermanos. Ahora bien. No se trata de dar “show” a nuestros hijos y decirles: ¡hey vengan aquí ya vamos a iniciar! Pero si un día, por azares del destino, porque la puerta se quedó abierta, porque uno de ellos se despertó y tenía miedo, porque pensamos que regresaría más tarde de la secundaria, etc., nos encuentran en situaciones muy especiales, no habremos hecho más que demostrarles cuanto nos amamos. Lo que sí es una inmoralidad escandalosa es: que nos escuchen hablarnos con aspereza, que nos escuchen insultarnos, que se nos note que peleamos, que se enteren de que no dormimos juntos. ¡Eso sí es una inmoralidad! Y no los accidentes como el que les he narrado. El mito del estrabismo. Este es el mito de la doble moral. Tiene que ver con la herejía de establecer parámetros diferentes para evaluar la moral de hombres y mujeres. Por ejemplo: un señor y una señora están casados. El señor se consigue una amante, casa chica, segundo frente o como se llame. La esposa, al enterarse, se molesta, le reclama y le pide el divorcio. Él se niega y siguen enojados, pero juntos. La mujer consulta a sus amigas, a su mamá, a la psicóloga y al pastor de su iglesia, y, en resumen, esto es lo que le aconsejan: no le firmes el divorcio; hazlo por los hijos; ni modo, así son los hombres; es la cruz que nos tocó a las mujeres; hay que esperar en Dios. Independientemente de que sean consejos buenos o no, la pregunta es: Si la que tiene un amante, segundo frente, casa chica, fuera la esposa, ¿qué le dirían al esposo sus amigos, consejeros o pastor? Creo que ni la mitad de uno le diría: no le firmes el divorcio; hazlo por los hijos; ni modo, así son las mujeres; es la cruz que nos tocó a los hombres; hay que esperar en Dios. ¿Por qué? Por el mito del estrabismo, por la herejía escandalosa y dañina de la doble moral. La Biblia dice: “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.” Gálatas 3:28. Para convertir a nuestra familia en la única casa de placer santificada hay que quitar de nuestra mente todos estos mitos. Ahora bien: La vida es rica en experiencias, es un mosaico de vivencias, algunas buenas, otras no tanto, y algunas definitivamente muy desagradables; sin embargo, la familia está ahí para ayudarnos a disfrutar de la vida en todo su esplendor. Es en la familia donde aprendemos a disfrutar los placeres santos y a ser felices. No sólo el placer de la sexualidad, también debemos incluir el placer de estar juntos, el placer de la convivencia, el placer de comer, el placer de descansar, el placer de soñar, el placer de ser feliz, etc. Es increíble, pero hay gente que experimenta culpa cuando come o cuando descansa o cuando es feliz. Como que sembraron en su conciencia que no se merece estar contenta y por lo tanto, no disfruta las experiencias gratas de la vida sin experimentar, a la par, un sufrimiento. Es en la familia donde aprendemos a gozar la vida o a sufrirla. Algunas familias enseñan a odiar, enseñan amargura, envidia y celos. ¿Qué escogemos? Hagamos de nuestra familia una casa de placer santo. Pero, otra vez, ¡alguien debe de iniciar este proceso! Y no hay vuelta de hoja, ¿sabe a quién le toca? ¡A usted varón, jefe de casa, cabeza de familia! para que no se nos olvide, apuntemos este principio: Principio de la integración. “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.” 1ª Tesalonicenses 5:23. Los seres humanos somos una integridad, no estamos divididos ni separados en tres partes o identidades. La idea gnóstica de separar lo físico o material de lo espiritual y de considerar al cuerpo como malo y lo espiritual como bueno es una herejía. Dios nos hizo integralmente, el Diablo no participó en nuestra creación, así que, somos como somos porque Dios así nos diseñó. Así que, podemos orar antes, durante y después de una relación sexual. No se trata de algo malo, se trata de algo que glorifica a Dios. Si Dios nos ve, y por supuesto que nos ve, no sólo no se enoja, sino que se alegra de que nos salga bien, y si fuera necesario, pondría a sus ángeles a echarnos porras. Pueden imaginar en el cielo un grupo de seres celestiales con banderas de colores diciendo: ¡si se puede, si se puede! Ahora bien, es probable que alguno de ustedes se moleste con estos ejemplo o reflexiones, si así es, les desafío a preguntarse, ¿por qué consideramos esta parte de la vida como algo bochornoso o malo? Se trata de un área muy importante y deberíamos vivirla a plenitud. Vivamos integralmente y hagamos de nuestra familia, la única casa de placer santificada. EL DESAFÍOPreguntémonos: ¿Desean nuestros hijos regresar a casa después de la escuela o de un viaje? ¿Regresa usted esposo, o esposa, con muchas ganas a su casa para encontrar placer y felicidad? La familia es importante y no sólo los que estudiamos la Biblia lo reconocemos. Los gobiernos del mundo, como el nuestro, reconocen la importancia de la familia y están desarrollando todo tipo de programas y promociones para fortalecerla. Tienen razón en hacer eso: Familias sanas constituyen una sociedad sana, libre, triunfadora e invencible. Una Iglesia con familias sanas es una Iglesia fuerte. Pero, ¿existe la posibilidad de sanar a las familias en nuestra comunidad? Sólo Dios puede hacerlo. Así que: si nuestra familia no es todo lo que en este capítulo hemos aprendido, vengamos a Dios y pidamos que nos transforme y nos bendiga para ser la familia que Él planeó desde el principio. Varones, aceptemos el desafío de ser los instrumentos de Dios para hacer de los de nuestra casa una familia de éxito. |





